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¿Qué es el día naranja?

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Se trata del día contra la violencia de género y se conmemora cada 25 de noviembre en toda Latinoamérica; surge a raíz del homicidio de las hermanas Mirabal: tres dominicanas que en los años sesenta se declararon activistas políticas de aquel país, expresando su descontento contra el entonces dictador Rafael Leónidas Trujillo.

En un acto deleznable, el 25 de noviembre de 1960, las tres hermanas fueron privadas de la vida mientras conducían su vehículo y después lanzadas a un precipicio; la reacción del pueblo fue de furia e indignación, pero no es sino hasta 1981 cuando varios grupos de defensa de los derechos de las mujeres se reunieron en Colombia para llevar a cabo el Primer Encuentro Feminista de Latinoamérica y el Caribe; posteriormente, en 1999 la Organización de las Naciones Unidas lo estableció como el Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra la Mujer.

La lucha en búsqueda del respeto para las mujeres ha sido ardua y larga, y al parecer, aún falta mucho para ver los resultados.

Los tipos de violencias que se pueden sufrir siendo mujer son múltiples, sólo por enunciar algunas: económica, sexual, psicológica, física, obstétrica, laboral, intrafamiliar, digital, escolar, etc.

Mucho se dice al respecto desde diversos foros y distintas voces, pero, ¿eso cambia en algo la realidad? ¿Los discursos impactan en en el comportamiento de los victimarios? ¿El índice de mujeres violentadas disminuye? ¿Las mujeres mismas, a través de la observación y escucha de los movimientos de lucha contra la violencia femenina, generan un cambio en su psique para reconocer que son violentadas, que necesitan ayuda y que pueden buscarla?

 El tema es complejo, pues la incidencia de diversos factores y condiciones como la situación económica, nivel de escolaridad, edad, condición migratoria, entre otros, pueden, o bien, mitigar, o bien, acrecentar la condición de vulnerabilidad de muchas mujeres.

Como ya lo he dicho en otros espacios, considero firmemente que parte de la solución está en la educación, en esa que viene desde casa y que se cimenta en los principios y valores fundamentales, bases de una sociedad civilizada y apegada a un estado de derecho; parte de la complejidad mencionada líneas arriba es que precisamente no todos practicamos en la misma medida una “tabla” de valores.

Por otro lado, la educación formal: la escuela -en sus niveles básicos-, sería de gran utilidad que continuara incansablemente con el fomento de una cultura de respeto, y no sólo para niñas y mujeres, sino para con todo ser viviente: personas, animales, vegetación.

Claro que para que ello pudiera darse, primero se tendría que reeducar a los docentes también, es decir, dar una nueva dimensión al comportamiento de las personas.

Pero además, es necesario el apoyo del gobierno a través de la implementación de planes, programas, estrategias y políticas públicas que empoderen a las mujeres, que institucionalmente las respalde y proteja cuando se encuentren en peligro o sean víctimas de violencia.

Lo anterior sería como un primer paso, pues cuando pensamos en trata de personas, desapariciones, feminicidios, mutilación, esclavitud, es claro que las acciones deben ser contundentes.

El problema de la violencia contra las mujeres no conoce de fronteras, etnias, culturas o religiones y por ello es necesario continuar alzando la voz; ya preguntaba yo misma si los discursos -o las columnas de opinión- ¿sirven de algo para erradicar, aunque sea un poco el fenómeno?

Creo que quienes nos manifestamos abiertamente en contra de cualquier tipo de violencia, ya dimos un primer paso; uno más cuando en las aulas (los que nos dedicamos a la docencia) o en nuestras comunidades logramos hacerle ver a una mujer que está siendo violentada y que debe denunciar; avanzamos cuando somos parte de su red de apoyo; porque éste, es un problema de todas y todos; la sociedad avanza cuando se sensibiliza y deja su indolencia a un lado.

Estimados lectores, les invito a realizar un ejercicio de introspección y revisar nuestros comportamientos cotidianos: nuestro trato a los demás, lo que consumimos en redes sociales, los chistes que nos hacen gracia y verificar que de alguna manera, con comportamientos quizá inadvertidos también somos parte del problema.

Agradezco los minutos que dedicaste a leer estas líneas y te deseo un extraordinario fin de mes.

 

Imelda Nathaly González Guevara

Maestra en Derecho, Profesora de la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional Autónoma de México.

X: @Nathaly51695067

Facebook: Natha González

Instagram: Nath.Cat13

 

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