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    El arte de negociar con la justicia: El caso de “El Mayo” Zambada

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    Mientras usted hace fila en el SAT, paga la luz, o intenta no enloquecer con el tráfico de Periférico, en algún lugar entre Nueva York y la historia, uno de los narcotraficantes más legendarios del siglo XXI está a punto de cerrar el trato de su vida. Sí, hablamos de Ismael “El Mayo” Zambada. El hombre que nunca ha pisado una celda en México, que burló a la justicia durante más de cuatro décadas y que ahora, en lugar de enfrentarse a un juicio que podría terminar con la pena de muerte, está sentado en la mesa chica con los fiscales de Estados Unidos. Y no, no está pidiendo perdón: está negociando.

    De la sierra a la sala de juntas

    • 1990s: “El Mayo” se consolida como el cerebro financiero y operativo del Cártel de Sinaloa. Mientras el mundo escuchaba a Britney Spears, él dominaba el Pacífico.
    • 2001: Se fuga “El Chapo” de Puente Grande. El Mayo, dicen, aplaudió.
    • 2016-2019: Capturan y extraditan al Chapo. Lo entierran vivo en una prisión gringa. El Mayo se vuelve el último gran capo libre.
    • 2023: El gobierno de EE. UU. ofrece 15 millones de dólares por su cabeza. Nadie lo entrega.
    • 2024: Circulan rumores: que está enfermo, que murió, que vive en Guatemala, que se convirtió en chamán.
    • 2025: ¡Sorpresa! No estaba muerto ni en la selva. Estaba en la agenda de la Fiscalía de Nueva York. Y ahora se rumora un acuerdo de culpabilidad para evitar el juicio.

    “Justicia a la carta”

    Lo que en teoría sería una venganza jurídica por décadas de sangre, droga y destrucción, se perfila como una elegante negociación. Porque en el fondo, lo que la justicia gringa quiere no es venganza, sino información. Rutas, nombres, cuentas. En este sistema, si sabes lo suficiente, puedes comprarte un futuro. Aunque seas el jefe del cártel más poderoso del continente.

    Y no se engañe: esto no es clemencia. Es estrategia. Los fiscales saben que un juicio puede durar años, costar millones y revelar verdades que incomodan a más de un político a ambos lados de la frontera. Mejor un acuerdo rápido, limpio, útil.

    Pero claro, mientras allá se negocia, aquí nos seguimos preguntando cómo es que nunca se le detuvo. Ni un cateo, ni una orden cumplida, ni una selfie filtrada. En 40 años, fue invisible. Tal vez el verdadero mérito del Mayo no fue ser capo, sino ser fantasma.

    La carta de la vergüenza

    Para añadirle drama a la telenovela, “El Mayo” mandó una carta al consulado mexicano en Nueva York. Pide que lo devuelvan a México, argumentando que su extradición fue ilegal, que lo “secuestraron” y que se está violando la soberanía nacional. Ah, claro. Ahora resulta que el mismo hombre que se burló de la ley durante medio siglo quiere que el Estado lo proteja. Como si de pronto le preocupara la Constitución que nunca respetó.

    Es como si un pirómano denunciara que le apagaron el incendio sin consultarlo.

    El pacto del silencio… a cambio de ruido

    ¿Y qué gana Estados Unidos con esto? Muchísimo. El Mayo podría soltar datos que permitan desmantelar redes enteras de lavado de dinero, identificar políticos involucrados y entender cómo opera realmente el crimen organizado. Pero eso, claro, no garantiza justicia. Sólo garantiza control.

    ¿Y nosotros qué ganamos? Un nuevo capítulo para Netflix. Y el recuerdo amargo de que los grandes criminales no caen: negocian.

    El narco como modelo de negocio

    No se trata sólo de crimen. Se trata de estructura. El narco funciona como empresa, y el Mayo como su CEO eterno. Lo suyo no era disparar, era administrar. Mientras otros se tomaban fotos con cuernos de chivo y corridos de fondo, él construía alianzas, exportaba producto, compraba lealtades. Y ahora, parece, también compra indulgencias.

    El mensaje que nos queda

    Para el ciudadano común, esto huele mal. ¿Qué sentido tiene esforzarse, estudiar, trabajar, pagar impuestos, si la justicia termina perdonando —o premiando— a quien más daño ha hecho?

    Pero esa es la moraleja: la ley no es ciega. Es pragmática. Castiga al que estorba, negocia con el que sirve. El poder, en todos sus niveles, se acomoda. La justicia no siempre busca castigo: a veces busca eficiencia.

    Y así, mientras usted lucha por sobrevivir la quincena…

    El Mayo negocia su retiro con dignidad. Tal vez termine en una prisión cómoda, bajo otro nombre, viendo series con cafecito en mano. Tal vez lo borren del mapa. O tal vez, sólo tal vez, esté escribiendo sus memorias.

    Como dijo un fiscal alguna vez: “hay criminales que cooperan para reducir su condena. Y hay otros… que cooperan para escribir la historia.”

    Y aquí estamos, otra vez, viendo cómo la historia la escriben los que mejor saben evadirla.

    Irving Arellano Regino

    @irvingregino

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