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La docencia en tiempos violentos

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Hace alrededor de un año, en una columna que titulé “Derecho Penal desde casa” planteaba la propuesta de enseñar “por trillado que sonara”, sobre principios y valores a nuestras niñas, niños  y adolescentes, puesto que a veces se llegaba a la comisión de delitos por una educación deficiente,  así como por desinformación sobre las consecuencias, necesidad de pertenencia a un grupo o por simple diversión; pues bien, el día de hoy analizaremos el caso de la Maestra Diana.

En días pasados ha trascendido a nivel nacional el actuar de dos padres de familia: Jesús “N” y Laura “N”, quienes de manera violenta irrumpieron en las instalaciones del Jardín de Niños Frida Kahlo en el municipio de Cuautitlán Izcalli, Estado de México, sometiendo, golpeando, vejando y humillando a la profesora que abrió la puerta así como a la señora Roselia, cocinera del lugar.

Es indignante observar las conductas de estas personas (afortunadamente registradas en video), es escalofriante el nivel de irracionalidad y violencia con que se conducen; sus formas, sus expresiones cargadas de odio… ¿y ellos son quienes crían al menor? De la risa del niño al ver cómo tratan sus padres a la maestra prefiero guardar silencio.

En entrevista para medios de comunicación, el padre de Jesús “N” refiere que “… no son delincuentes: el papá es profesionista, la mamá es estudiante…”, como se ha revisado en la doctrina criminológica, “los estatus” o niveles educativos no son para nada garante de un comportamiento no criminal.

 

¿De cuándo acá la docencia se ha vuelto una profesión de alto riesgo?

 

Como parte de una sociedad, los profesores que antaño eran vistos como figuras de respeto y autoridad, hoy nada pueden hacer dentro de los espacios -más que permeados-, gobernados por la violencia; evidente y desafortunadamente los maestros (de cualquier nivel y estrato) no nos encontramos exentos de padecer agresiones, en algunas ocasiones de parte de los propios alumnos, en otras, de los padres, como en el presente caso.

Y esta es una de las violencias de las que poco se habla: la violencia hacia los docentes, y es que a no ser dentro del mismo foro, esto no trasciende más allá, pero es momento de ir haciendo visible el problema.

Hoy se sabe del caso del citado Jardín de Niños, pero también en las grandes universidades  públicas y privadas de nuestro país, pasando por primarias, secundarias y bachilleratos, acontecen episodios de violencia en contra de los profesores de forma regular: cuando no son los alumnos amenazando o esperándote en tu coche ya con múltiples “rayones”, son los padres amedrentando y exigiendo el cese de funciones. O, peor aún, esos denunciantes anónimos que se dedican a la agresión vía redes (violencia digital), en espacios completamente faltos de regulación en donde cualquiera que tenga acceso a un dispositivo e Internet y sepa medio escribir, puede decir lo que quiera, sin derecho de réplica, por supuesto.

Todo lo anterior no significa que no existan docentes que efectivamente vulneren algunos derechos, pero precisamente para su atención existen protocolos, para su auxilio está el derecho en sus instancias correspondientes; nuevamente citando al padre de Jesús “N” (el agresor de la maestra) “… no son las formas, no, por supuesto que no son las formas.” Y es que en una entidad como lo es el Estado de México, número uno en feminicidios a nivel República Mexicana, es tan fácil para cualquiera quebrantar diversas normas y andar como si nada; ir encañonando maestras y amenazando de muerte. No, definitivamente no es la forma.

Esperamos que, tras la detención de los agresores, el agente del Ministerio Público haga un buen trabajo y ambos respondan en su justa dimensión por cada uno de sus actos, recordemos que son dos personas que previamente se pusieron de acuerdo para acudir al lugar (pandilla), mismas que encañoraron a la maestra y la cocinera (habiendo, además, golpes y violencia) en lugar cerrado (allanamiento), ¿habría elementos para pensar en una tentativa de feminicidio? Por supuesto que sí.

Deseamos también que el DIF tenga una óptima participación y tomen las mejores medidas conducentes para la protección y salvaguarda del menor, quien, a final de cuentas, es ya una víctima dentro de ese núcleo familiar. Y, ahora, gracias a las acciones equivocadas de sus padres, es posible que atraviese por un proceso de revictimización y escarnio social.

Exigimos un cese a la violencia, no sólo en contra de los docentes, sino contra la población en general, aunque he de decir que es una verdadera pena que una mujer que se encuentra desempeñando una de las más nobles labores, tenga que pasar por esto.

La violencia, en ninguna de sus formas, debe ser tolerada, mucho menos ignorada; hoy sabemos de la maestra Diana y la señora Roselia, sin embargo, hay cientos y cientos de casos en nuestro país, lástima que no de todos haya videograbación, y es que, como ya sabemos, a la hora de las declaraciones, todos resultan ser ciudadanos ejemplares.

Como siempre, agradezco los momentos que amablemente dedicaste a leer estas líneas, ¡hasta pronto!

 

Imelda Nathaly González Guevara

Maestra en Derecho, Profesora de la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional Autónoma de México.

Twitter: @Nathaly51695067
Facebook: Natha González
Instagram: Nath.Cat13

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