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¿En qué momento la justicia dejo de ser justicia?

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Es de importancia resaltar, que este tema debe ser abordado, desde la comprensión de que, en la actualidad, en la práctica penal, la justicia es un sinónimo de encarcelamiento, o bien, de privación de la libertad, y se justifica este discurso, a raíz el aumento de las conductas delictivas.

Las estrategias políticas y estructurales, consideran el castigo como reflejo de la demanda social para hacer justicia, apartándose del dialogo como la alternativa más viable para resolver el problema que desencadena en conductas trasgresoras de bienes jurídicos protegidos por el derecho penal.

Debemos partir de un contexto especifico, y contemplar los aspectos sociales, tales como el género, la discriminación, la alza de inmigrante, los indígenas, entre otros, y todo ello, nos permite enfatizar, por que una persona decide delinquir y no respetar las normas, la realidad , es que es intangible definir y determinar por que una persona inicia una vida delictiva desde la adolescencia, ya que no solo los aspectos sociales sirven para determinarlo, saber las necesidades internar que desencadenan su exteriorización como espirituales, familiares o personales, que hacen imposible clasificar los posibles motivos y evaluarlos, (cuestiones que no son materia de las políticas publicas para combatir o disminuir de manera objetiva los índices de criminalidad).

De lo anterior debemos aceptar, que hay conductas que, si bien es cierto, no suelen ser consideradas delictivas, que dañan a una persona en sus aspectos mas íntimos, y no nos referimos a aspectos meramente psicológicos, si no a aquellos que incluso son de imposible acceso, y que están ahí, y se reconocen como experiencias humanas decisivas, que pueden ser trasformadas en momento clave de la vida.

Pero si primero castigamos, es imposible que obtengamos información para entender, por que nos comportamos de manera contraria a la norma y lesionamos bienes jurídicos que protege el derecho penal, por lo que el dialogo, es el mecanismo idóneo para que se pueda obtener la información que permita implementar condiciones, para saber los verdaderos motivos por los que se delinque, y ese dialogo, nos permitirá obtener una verdadera justicia, considerando el dialogo como lo que nos permite escuchar y entender.

Pero en la actualidad, siendo el castigo sinónimo de justicia, y el Estado, al asumir la responsabilidad de resolverlo, (solo con el castigo como parte de la coacción y aceptación para justificar su función), despoja al sujeto de dicha obligación de hacerse cargo del conflicto, y, por tanto, se trunca la posibilidad de comprender y entender los verdaderos motivos que lo inclinaron a realizar la conducta antisocial penal.

El conflicto es parte de la vida humana, su genealogía nos confirma que siempre ha existido y va ser parte de la vida, de manera personal, social, familiar laboral y en cualquier momento del desarrollo y fase humana, pero cuando se está en conflicto con la ley, es importante conocer la realidad social y personal del sujeto, ya que si solo se aplica la sanción sin entender el motivo intrínseco que determina al sujeto a delinquir, la relación entre el conflicto y la violencia es clara, sin embargo, puede existir conflicto sin violencia, pero no a la inversa.

El conflicto de una persona puede ser interno, y este se da cuando se presenta un dilema, o bien, interpersonal cundo hay una disputa, aquí es cuando la persona a quien pertenece el conflicto, y se hace responsable, puede obtener una oportunidad de aprendizaje, pero si se reprime esa posibilidad, es imposible que eso suceda, siempre es mejor lidiar e intentar resolver el conflicto, pero el responsable.

Desde que concebimos la vida, nacemos con ese conflicto, nos cuestionamos sobre el mundo que nos rodea, y en la vida cotidiana, nos enfrentamos a una diversidad de subjetividades, diferencias, y surge el conflicto para aceptar o no lo que pude ser parte de nuestra vida.

En la sociedad incluso, tenemos un conflicto interpersonal de comportamiento, no siempre actuamos como queremos o como pensamos, se pretende aparentar una cierta imagen de acuerdo al lugar y con quienes nos desenvolvemos, e incluso, tenemos comportamientos y pensamientos contrarios a la norma penal, y nos cuestionamos quienes somos realmente, si el bueno o el malo.

Sin embargo, iniciar con el castigo como sinónimo de justicia, implica la imposibilidad de realmente conocer los aspectos que generan las conductas delictivas, segregar al ser humano de primer momento, va en contra de la proyección existencial del ser humano, ya que solo puede ser proyectada en sociedad, el encierro nunca sirve a nadie, anula la existencia y no resuelve el conflicto de fondo.

Sin embargo, ver al castigo como justicia, es un conflicto colectivo, y sin duda, nos pertenece a todos, a fin de lograr diálogos para que se den condiciones para reducir los índices delictivos, y contrario a el discurso del Estado, que niega el dialogo en razón de que no existen condiciones, y este es quien las impone o clasifica, siendo que el dialogo, es el que abre los caminos y genera las condiciones para resolver los conflictos.

Dr. Joan Ramos Martínez. Especialista en defensa penal por parte del Instituto Federal de Defensoría Pública; catedrático y postulante en materia penal.

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