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¿PARIDAD DE GÉNERO?

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Por Liliana Baltazar Samayoa Pimentel

Para que logremos comunicarnos mejor, es indispensable que definamos qué se entiende por paridad de género. La paridad o igualdad de género es un signo de la democracia. La historia revela que las mujeres han luchado en forma permanente por la reivindicación de sus derechos que las instituciones no les han reconocido por el simple hecho de ser mujeres, lo que se ha traducido en desigualdad, exclusión, discriminación, maltrato y falta de oportunidades en lo laboral, educativo, político-electoral, familiar y seguridad social. [Solorio Almazán. Ramiro. Para entender la paridad de género. CEDIP Centro de Estudios de Derecho e Investigaciones Parlamentarias. LXII legislatura. México. 2014]

La paridad de género es un indicador de calidad democrática de los países que nos facilita conocer y valorar la participación equilibrada, justa y legal de mujeres y hombres en puestos relacionados con la toma de decisiones; esto aplica en cualquier categoría (política, económica y social).

La paridad de género en México es un valor ético y social que está asentado en nuestra constitución política, cuando menos en el papel, pero éste debería asegurar que las mujeres en todos los ámbitos tengan una participación e importancia en forma igualitaria a la de los hombres. Eso permitiría hablar de una auténtica democracia de nuestro país.

Si hacemos un pequeño recuento de la paridad de género a través de los años y no solo en México sino a nivel mundial, podemos observar como se ha obtenido un avance en cuanto a los derechos y/o libertades ciudadanas de las mujeres, evidentemente estos avances han tenido que consolidarse mediante reclamos largas y difíciles emprendidos por organizaciones de mujeres y feministas, por una gran lucha plagada de retos, porque muchísimas mujeres y hombres se han coaligado para reclamar los derechos que la masculinidad otorga únicamente a los hombres, por ese simple hecho.

Tristemente para ser reconocidas como iguales al género masculino, se ha recurrido en forma paulatina y continua al perfeccionamiento de los derechos humanos mediante tratados y convenios internacionales que promueven la no discriminación y la no violencia en contra de las mujeres a través de Foros en los que se dialoga y argumentan las necesidades de reformar las leyes y darle aplicabilidad en los años subsecuentes, porque todos sabemos que algunas leyes han permanecido en calidad de “letra muerta” por su falta de aplicación o de observancia general. Esta revisión permanente constituye el reclamo de generaciones posteriores que se han sumado a la necesidad de dotarlas de obligatoriedad.

«Toda persona tiene los mismos derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquiera otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición». (Artículo 2 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos)

Sería bastante largo y complejo comenzar a dar una opinión respecto al origen de esta desigualdad de género que se vive hoy en día, dado que sería profundizar quizá desde la filosofía, el origen de la civilización y el cimiento principal de las leyes actuales. No hay un momento preciso en la historia que explique en dónde y en qué momento se originó esta desigualdad. Realmente es un almacenamiento de causas históricas que por siglos instauraron este sistema donde someten, omiten y ocultan “el no existir” de todo lo inherente con las mujeres.

Evidentemente existieron ciertos cambios y comenzamos a ser notadas para aspectos de conveniencia, se nos asignaban ciertos roles en la sociedad, pero con una clara desventaja para las mujeres y siempre limitándonos a la posibilidad de desenvolvernos y participar más y más en la vida política y económica del país. El sometimiento y opresión de género se han dado de diferentes maneras en cualquier aspecto que ha evolucionado la vida del ser humano.

La reforma de 1953 que dio a la mujer el derecho al voto fue quizás, el punto de arranque en la igualdad de la mujer en el derecho al sufragio, que luego desembocó al de la representación popular. Con alegría recordamos al Estado de Colima que fue el primero en ser gobernado por una distinguida mujer a la que la vida me dio la oportunidad de conocer.

Han sido siglos duros, de mucha represión y abuso a las mujeres, años de lucha donde infinidad de mujeres se han quedado en el camino y no lograron ver lo que hoy en día se ha conseguido; como ejemplo, es que en la mayoría de los países se hicieron cambios en la política internacional respecto a la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, lo gobiernos se vieron obligados a incorporar las bases para el desarrollo de políticas más incluyentes, se realizaron cambios significativos que propiciaron un reconocimiento y una mayor participación de mujeres en la vida política de cada uno de sus países.

¿Por qué hay igualdad hablando teóricamente y desigualdad en la práctica?

En la mayoría de los países se revaloran los temas relacionados con el espectro de las mujeres, como desarrollar y promover su independencia, se ampliaron las políticas de acceso a la educación, capacitación, atención médica, y a pesar de los obstáculos que hoy en día se presentan por la resistencia cultural de aceptar que las mujeres y las niñas, disfruten de condiciones de igualdad de derechos y libertades fundamentales.

En la vida rural y en algunas entidades federativas son renuentes a darle vigencia plena a la igualdad de género y todavía piensan que las niñas, jóvenes y mujeres son diferentes, pero, sobre todo, son inferiores al hombre.

Si desde la corta edad fomentáramos el conocimiento de nuestra historia sería más fácil que las nuevas generaciones entiendan y adquieran consciencia sobre este sistema violento por el que aún transita el género femenino. Es fundamental reconocer que, a lo largo del tiempo, existe un constante acercamiento de la importancia de la igualdad de las mujeres.

Aún enfrentamos resistencias de una sociedad machista en la que prevalecen roles y estereotipos que insisten en la discriminación y promueven la violencia contra las mujeres, basados en un simple argumento, ser mujer.

Hemos visto pasar momentos históricos favoreciéndonos a las mujeres, pero aún no hemos llegado a donde queremos y tenemos derecho a estar. Esta lucha permanente no se detendrá hasta conseguir la igualdad plena en todas las esferas de la vida.

Queremos más logros importantes y demostrar con acciones que tenemos la capacidad y la preparación necesaria para decidir y participar en las soluciones que presenta los desafíos de nuestra sociedad.

El compromiso que tenemos como mujeres ¿Y por qué no? también como hombres, es impulsar el desarrollo de las medidas que se requieran en favor de la igualdad de género.

Dudemos impulsar el cambio cultural que favorezca la igualdad de género para que las mujeres participen en la toma de decisiones sin ningún tipo de discriminación ni violencia.

La no violencia en contra de la mujer es la coexistencia armónica de dos géneros que se complementan pero que exige que la mujer deje de ser una anécdota para el hombre.


Liliana Baltazar Samayoa

Psicóloga y abogada

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