
Estados Unidos e Israel realizaron nuevos ataques contra Irán, los cuales fueron respondidos mediante acciones dirigidas contra bases militares estadounidenses ubicadas en países que rodean al territorio iraní, generando un escenario internacional de creciente tensión armada.
La justificación fue la misma que se dio con las agresiones previas -y que en aquella ocasión no fueron respondidas con igual fuerza que ahora-: la posible presencia de armas nucleares por parte de Irán. Es paradójica la exigencia tomando en cuenta que Estados Unidos e Israel si cuentan con un amplio arsenal nuclear.
En cualquier caso, las acciones realizadas por Estados Unidos e Israel se suman a una interminable lista de violaciones al derecho internacional, que en el ámbito de lo ideológico parecen no importar, pues el discurso y contexto actual sostienen que no importa ninguna arbitrariedad, mientras ideológicamente sea defendida por unos cuantos.
A pesar de que Estados Unidos tiene un historial amplio como generador de violencia en el mundo (Irak, Afganistán, Vietnam, Corea, América Latina en general) las personas siguen comprando el discurso de que esto se hace “para liberar” a los países de los riesgos de sus propios gobiernos. Con el auge de los neoconservadurismos el discurso es mucho más extremo, pues Estados Unidos, y sobre todo Donald Trump, es visto como un enviado de Dios para ejecutar un plan divino a través de su aliado Israel.
Mientras Israel sostiene que el genocidio en Palestina se hace para impedir que “la barbarie musulmana destruya occidente”, los discursos occidentales ven en la dupla Israel-Estados Unidos, “el dique que protege los valores de occidente”.
No son nuevos estos discursos de odio que incitan a una limpieza étnica, pero ahora excusados en un plan divino y usando como manto de impunidad el argumento del antisemitismo contra cualquier crítica que se haga a sus atrocidades. La fórmula del enemigo común a toda la humanidad que debe ser destruido es muy vieja, pero encuentra una fuerza particular en una sociedad cada vez menos crítica y, sobre todo, debilitada en sus habilidades cognitivas por el auge de la información inmediata y simplista de las redes sociales, el contenido falso y la manipulación sentimentalista.
Por eso, el contexto obliga a que cualquier análisis jurídico contemple las variables sociales, sobre todo la imperante fuerza de discursos radicales de los neoconservadurismos mundiales. De hecho, en artículos pasados ya hice un recorrido del aparato propagandístico israelí que en los últimos meses ha surgido con fuerza, también fuera del territorio ocupado por el ente sionista.
Por ejemplo. Tras el bombardeo de una escuela de niñas en Irán y la muerte de al menos 150 personas, los medios intentaron disminuir el impacto de la noticia. Abundó la idea de que la noticia era falsa, y en la mayoría de los casos, cientos de perfiles introdujeron una paradoja aparentemente irresoluble sustentada en la falacia de falsa equivalencia: “Estados Unidos tal vez bombardeó una escuela de niñas, pero eso era necesario porque el régimen de Irán es peor.” Muchas páginas de propaganda sionista difundieron por días que Irán era el país más peligroso del mundo; insistieron en que solo Israel garantizaba derechos humanos en el medio oriente y que la invasión militar era la única manera de salvar al mundo.
No parece importar que Estados Unidos e Israel atacaran un país soberano, tampoco que hayan bombardeado población civil, tampoco que mataran a un jefe de Estado, ni mucho menos que pusieran, otra vez, al mundo en vilo de una guerra. Solo importa lo ideológico. Para occidente solo importa lo que creen que es Irán; lo que creen que es Estados Unidos, y peor aún, solo importa defender un punto en el internet. Los muertos, son un daño colateral que permite inflar el egoísmo individualista de millones.
La respuesta de la comunidad internacional no fue condenar los ataques, sino condenar la respuesta de Irán. Los crímenes de guerra cometidos en Palestina son “el derecho de Israel a defenderse”, dicen los gobiernos del mundo, responder al ataque de Estados Unidos “es un error”, dicen los mismos. Los aliados de Estados Unidos, amenazados apenas hace unas semanas con una invasión a Groenlandia, ahora se arrastran para colaborar en un nuevo ataque contra una nación soberana.
El pretexto para atacar Irán fue la supuesta posesión de armas nucleares. Esto no está comprobado, pero incluso si fuera cierto parece incoherente considerando que gran parte de sus aliados tiene armas nucleares, y no solo eso, su arsenal se ha incrementado de forma considerable en los último años. Tan solo el 2 de marzo, el presidente de Francia Emmanuel Macron, afirmó que su gobierno incrementaría el número de ojivas nucleares e incluso, crearía un submarino con capacidad para disparar este tipo de armas llamado “el invencible.” Afirmó: “Nuestro país tiene esta arma fuera de lo común que es la base de nuestra defensa. La decisión última de utilizarlo es del presidente. No duraré en tomar la decisión que sea indispensable para la protección de nuestros intereses vitales”.
Aunado a eso, amenazó con la potencia de las armas que posee: “Si tuviéramos que utilizar el arma nuclear, ningún Estado se salvaría. Cada uno de nuestros submarinos tiene una potencia equivalente a todas las bombas que cayeron sobre Europa en la Segunda Guerra Mundial, mil veces superior a las primeras bombas atómicas.”
Tras las declaraciones del presidente no cayeron bombas sobre París con el pretexto de salvaguardar la paz mundial. Ello lleva a preguntar ¿por qué unos países tienen derecho a poseer armas nucleares mientras otros son atacados tan solo por la especulación de tenerlas? La respuesta es simple, y la historia la da. No tiene otro propósito que los intereses coloniales de Estados Unidos sobre los recursos naturales de la región. Si bien otros países de la zona han cedido el control de sus naciones al imperio gringo de forma voluntaria, no hay justificación jurídica para que Irán tenga que hacerlo.
Esto demuestra un doble discurso sobre la situación. Si bien Irán vive graves violaciones a los derechos humanos, la situación en el resto de países de la región no es diferente, simplemente que al estar al servicio de Estados Unidos, su existencia “no amenaza los valores de occidente.” En suma, las agresiones sobre Irán no implican “una liberación a favor de los derechos humanos”, sino un pretexto para hacerse con los recursos de otro país, y de paso, eliminar lo que Israel considera un estorbo para sus intereses expansionistas.
De hecho, sigue siendo contrastante el argumento de “la liberación de Irán” sobre todo cuando sostienen que en dicho país no se respetan los derechos de las mujeres y las poblaciones LGBTTIQ+, cuando países de occidente que defienden esta actuación han emprendido campañas abiertas contra estos derechos.
En la discusión mediática pareciera necesario argumentar quien viola más derechos, quien tiene más armas o incluso quien es peor, pero nunca, realizar actuaciones conforme a derecho. No sobra recordar que sobre Benjamín Netanyahu pesa (además de un proceso interno por corrupción) una orden de captura emitida por la CPI y que todo occidente ha entorpecido.
Sobre lo expuesto puede recaer la respuesta de siempre “entonces defiendes el régimen de Irán.” Esa premisa que reduce el problema a las opiniones personales, se utiliza como una falacia para defender lo que jurídicamente es indefendible.
Con independencia de las condiciones en Irán, el derecho internacional busca garantizar la paz más allá de lo inmediato, tomando como base la enseñanza del pasado, donde al no frenar a una nación con una marcada intención bélica, el mundo puede destruirse en un instante. En el pasado fue Alemania. En la actualidad Estados Unidos e Israel operan ante la impasibilidad de todas las naciones, tal como sucedió cuando el régimen nazi comenzó sus hostilidades. Cabe recordar que, si bien la Segunda Guerra Mundial inició en 1939, Hitler actúo con absoluta libertad desde antes. Por ejemplo, en 1933 declaró un estado de excepción e inició una primera persecución contra comunistas; en 1935 promulgó las leyes de Núremberg contra los judíos.
La historia nos demuestra que una ideología que desdeña el derecho para imponer por la fuerza sus propios intereses, solo puede tener un desenlace fatal. En este sentido, haré un recorrido de las disposiciones violadas en el actuar de Estados Unidos-Israel.
La Carta de las Naciones Unidas se firmó en junio de 1945. En aquel momento se ejercía una fuerte influencia de Estados Unidos sobre Europa a causa de su apoyo para ganar la guerra. Las otras tres naciones fundantes también han participado desde entonces en alguna forma de violación de la misma carta que incitaron como origen del nuevo derecho internacional. El artículo 1 establece:
“Los propósitos de las Naciones Unidas son:
Mantener la paz y la seguridad internacionales, y con tal fin: tomar medidas colectivas eficaces para prevenir y eliminar amenazas a la paz, y para SUPRIMIR ACTOS DE AGRESIÓN U OTROS QUEBRANTAMIENTOS DE LA PAZ; Y LOGRAR POR MEDIOS PACÍFICOS, Y DE CONFORMIDAD CON LOS PRINCIPIOS DE LA JUSTICIA Y DEL DERECHO INTERNACIONAL, EL AJUSTE O ARREGLO DE CONTROVERSIAS O SITUACIONES INTERNACIONALES SUSCEPTIBLES DE CONDUCIR A QUEBRANTAMIENTOS DE LA PAZ;
Fomentar entre las naciones relaciones de amistad basadas en el respeto al principio de la igualdad de derechos Y AL DE LA LIBRE DETERMINACIÓN DE LOS PUEBLOS, y tomar otras medidas adecuadas para fortalecer la paz universal. “
En esta carta se consagran muchos principios generales del derecho internacional, aplicando a este caso concreto: La solución pacífica de controversias; la prohibición del uso de la fuerza; la igualdad entre los Estados y la autodeterminación de los pueblos. Todos ellos entendidos de forma sistemática permiten entender que Estados Unidos-Israel, incluso si tuvieran la certeza de que Irán posee armas nucleares, no podrían atacar. Principalmente no pueden usar el argumento de “liberar al país” pues ello compete de forma exclusiva a la autodeterminación del pueblo iraní.
El artículo 2.1 establece el principio de igualdad soberana de los Estados, por lo que ninguno de ellos puede alzarse como superior moralmente para decidir el destino de otro, lo que se une con el principio de autodeterminación previstos en el arículo 1 de la Carta. Esto es sistemático con el artículo 2.7 “Ninguna disposición de esta Carta autorizará a las Naciones Unidas a INTERVENIR EN LOS ASUNTOS QUE SON ESENCIALMENTE DE LA JURISDICCIÓN INTERNA DE LOS ESTADOS.”
El artículo 2.3 establece a la letra “Los Miembros de la Organización, en sus relaciones internacionales, SE ABSTENDRÁN DE RECURRIR A LA AMENAZA O AL USO DE LA FUERZA CONTRA LA INTEGRIDAD TERRITORIAL O LA INDEPENDENCIA POLÍTICA DE CUALQUIER ESTADO.”
Con independencia de este marco, las acciones de Estados Unidos-Israel representan una trangresión grave, no solo contra el derecho internacional, sino contra la humanidad misma.
Estados Unidos, Irán e Israel no reconocen la competencia de la Corte Penal Internacional, pero su estatuto es muy diciente sobre la gravedad de los actos cometidos. Por ejemplo, el artículo 8, apartado b), diversas fracciones, prevé como crimen de guerra “dirigir ataques contra poblaciones civiles (como la escuela de niñas); dirigir ataques contra objetivos no militares (como la escuela de niñas); atacar edificios no defendidos y que no sean objetivos militares; dirigir ataques contra escuelas.
De igual manera es aplicable lo previsto desde 2010 con vigencia desde 2018 en el artículo 8 bis sobre el crímen de agresión, definiendolo como “el uso de la fuerza armada por un Estado contra la soberanía, de otro”. Además, ciertos actos con independencia de que haya o no declaración de guerra como: “La invasión o el ataque por las fuerzas armadas de un Estado del territorio de otro Estado” […] el bombardeo, por las fuerzas armadas de un Estado, del territorio de otro Estado, o el empleo de cualesquiera armas por un Estado contra el territorio de otro Estado.”
Desde 2024 había sostenido en otros artículos que el derecho internacional se encontraba en una crisis gtrave para hacer cumplir los compromisos que voluntariamente contrajeron los Estados, sin embargo, la situación actual ha llegado mucho más allá de lo imaginable, con una certeza muy clara: no hay manera de detener la catástrofe que Estados Unidos está provocando en todo el mundo.
Carlos Alberto Vergara Hernandez. Licenciatura y maestría, Facultad de Derecho, UNAM. Profesor en la misma Facultad de las materias Control de Convencionalidad y Jurisprudencia y Filosofía del Derecho. Activista, conferencista y capacitador político en derechos humanos y derechos de personas en situación de vulnerabilidad.
Contacto: cvergarah@derecho.unam.mx
















