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Juicio a García Luna: capo narra sobornos espectaculares, pero defensa exhibe sus mentiras y contradicciones

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Especial

Por: Arturo Ángel

Brooklyn. NY. Lo que parecía ser una jornada de ensueño para la fiscalía acabó siendo una pesadilla. El testigo que acababa de revelar historias extraordinarias de pagos millonarios a Genaro García Luna, incluida la entrega de una maleta repleta de billetes dentro de un autolavado como si de una serie de televisión se tratara, terminó reconociendo frente al jurado que unas semanas antes había mentido.

Ante la mirada congelada del juez Brian Cogan, que le había advertido que bastaba con responder “si” o “no” o “no sé”, el testigo de los fiscalía, Oscar “El Lobo” Valencia dijo sin que nadie le preguntara que no había una sola prueba física que corroborara sus dichos más allá de las palabras de otros delincuentes.

No solo eso, su discurso estaba plagado de contradicciones. Y por si fuera poco, terminó reconociendo que era responsable de un número tan alto de asesinatos que ya había perdido la cuenta.

La sonrisa contenida de García Luna al finalizar la jornada de nueve horas, sumada a la de su esposa Cristina Pereyra que hasta se animó a despedirse de algunos periodistas antes de dejar la sala, fue el reflejo fiel del ánimo con el que concluyó ayer el séptimo día de audiencias en el juicio abierto contra el exsecretario de Seguridad de México por narcotráfico.

“Necesito que piensen bien a quien suben al estrado. No sé si voy a permitir que esto continue. Los testigos son para que narren hechos, no suposiciones…” había adelantado a los fiscales el juez Cogan al arrancar la jornada. La advertencia al gobierno terminó siendo premonición.

El canto del lobo: sobornos y más sobornos

Los hechos que narró Oscar Nava Valencia ante el jurado durante las primeras cinco horas de su comparecencia confirman, según el caso del gobierno, que García Luna recibió millonarios sobornos en distintos momentos de parte del crimen organizado. “El Lobo” dijo que tan solo él le habría dado más de 15 millones de dólares en efectivo.

Lo anterior ocurrió entre los años 2006 a 2008, cuando Nava dirigía el llamado Cártel del Milenio, una organización criminal aliada al Cártel de Sinaloa y asentada en Jalisco, Nayarit, Colima y Ciudad de México, que traficaba principalmente cocaína proveniente de Colombia a través de los puertos de Manzanillo, Lázaro Cárdenas, Puerto Progreso y Veracruz; y de los aeropuertos de Ciudad de México, Jalisco, Cancún, entre otros.

Siempre guiado por los fiscales estadounidenses Nava contó al jurado que en octubre de 2007 él y su socio Arturo Beltrán Leyva tuvieron que pagarle diez millones de dólares a García Luna para tratar de rescatar un jugoso cargamento de 20 toneladas de cocaína que la Marina había decomisado en Manzanillo.

Los esfuerzos no resultaron, pero un mes más tarde Beltrán organizó en una de sus casas a las afueras de Cuernavaca, Morelos, una reunión a la que asistió – siempre según el dicho de Nava – García Luna en persona. El entonces jefe de la policía de México les explicó que no se pudo rescatar el cargamento porque este había sido identificado por la DEA desde que salió de Colombia. Y para probárselos les envió el documento que Estados Unidos había mandado donde se alertaba del cargamento, y en que barco era transportado.

“Le sacamos copia a ese documento y se lo mandamos a los colombianos y con eso quedó demostrado que no había sido nuestra culpa. Al menos yo me ahorré 50 millones de dólares con los que querían que los indemnizara”, dijo Nava.

Según el narcotraficante, quien está por cumplir una condena de 16 años de cárcel en Estados Unidos pero que ahora busca que su familia y él puedan quedarse a vivir en este país, esta no era la primera vez que le pagaban a García Luna pues ya antes había aportado 2.5 millones de dólares en una colecta que hicieron los líderes del Cártel de Sinaloa.

“Cuando García Luna se vuelve secretario de Seguridad (2006) era necesario incrementar los sobornos para tener un mayor nivel de protección. No solo para tener libres nuestras rutas de tráfico sino a su vez que se atacara a otros cárteles rivales. Se organizó una polla – recolecta – y yo aporté eso. Pero todos los demás… EL Mayo, El Chapo, Arturo… todos pusieron”, dijo.

En 2008, añadió Valencia, vino otro pago realizado por el mismo y ocurrió en un autolavado de Guadalajara, Jalisco. “Estetic Car Wash” era el nombre del local donde García Luna y Luis Cárdenas Palomino se presentaron personalmente. Cualquier parecido con un episodio de la serie “Breaking Bad” para hablar de fantasía, o de la vida real como si fuera el caso“Lava Jato” en Brasil, parecía una coincidencia obvia.

Según el testigo de los fiscales a Cárdenas Palomino le mandaron 500 mil dólares por adelantado para que esta reunión ocurriera. De acuerdo con “El Lobo” este encuentro era muy importante pues ya estaban confrontados con los Beltrán Leyva, quienes había decidido dejar el Cártel de Sinaloa para unirse a Los Zetas.

El día de encuentro, cuya fecha no fue precisada muy bien por Nava, se entrevistaron con García Luna y Cárdenas Palomino en el segundo piso de ese local por espacio de 15 minutos. El entonces secretario de Seguridad nacional de México les habría dicho que no estaba de acuerdo con la decisión de Beltrán de unirse a Los Zetas, y que el continuaría apoyando a Sinaloa. A cambio, dijo Nava, le entregaron otros 2.5 millones de dólares antes de que se fuera.

Y ya para rematar, el narcotraficante también dijo que con frecuencia destinaban de 200 mil a 500 mil dólares para que la Policía Federal nombrara a comandantes regionales aliados a ellos. “El dinero lo mandábamos a la gente de Ciudad de México encargada de esos nombramientos”, dijo el narcotraficante ante el jurado.

Mentiras, contradicciones y falta de pruebas

La extraordinaria historia de pagos y sobornos narrada por Valencia se terminó desfigurando durante las dos últimas horas de la audiencia. El experimentado abogado de la defensa, Florain Miedel evidenció a través de un incesante bombardeo de preguntas las mentiras, contradicciones y falta de pruebas en los dichos del testigo de los fiscales.

Pero el proceso para desbaratar lo dicho por Valencia fue lento, paso a paso hasta llegar al clímax. Miedel se preocupó primero de recordarle al jurado que no estaban escuchando a un simple testigo, sino a un criminal confeso y violento. Para ello logró que “El Lobo” reconociera que por órdenes suyas habían sido asesinadas tantas personas que este ya había perdido la cuenta. Según “El lobo” eran más de cien. Según el abogado más de mil. El criminal casi terminó pidiendo comprensión al referir “bueno es que estábamos en una guerra”.

Moralmente desbaratado comenzó el derrumbe de los dichos de Valencia. El narcotraficante no supo dar una respuesta convincente a los cuestionamientos del defensor del por qué, en nueve años de cooperación con los fiscales, nunca se le ocurrió mencionar que García Luna había sido uno de sus cómplices más fuertes, tal vez el peor de todos. Por qué, insistió el abogado, sí fue capaz de declarar en su momento que incluso el exsecretario de la Defensa del expresidente Felipe Calderón tenía nexos con los criminales, nunca dijo que él le había pagado en persona millones de dólares a García Luna. Por qué lo vino a contar hasta el 2020 cuando dicho exfuncionario ya estaba detenido y su captura era un escándalo.

“Pues porque nadie me lo preguntó… no se profundizó en eso”, terminó diciendo Nava Valencia con un tono de voz evidenciaba tan poco convencimiento que se le tuvo que preguntar lo mismo tres veces.

Pero faltaba el as bajo la manga de la defensa. Miedel había hecho la tarea y tuvo acceso a los registros que mostraban que el 14 de diciembre de 2022, apenas unas semanas atrás, Nava se reunió con los fiscales de Estados Unidos para decirles que… “había mentido”. Que no era cierto que conociera en persona a García Luna como les había dicho dos años antes. Vamos… que lo había inventado.

Ante la incredulidad del jurado y las filosas preguntas del defensor, Nava reconoció que los agentes de la DEA que estaban presentes aquel día se enfurecieron. “¿¡Qué estás haciendo hombre… porque te desdices!?”, le reclamaron, no sin antes recordarle que podría haber consecuencias. Nava se justificó diciendo que tenía miedo por él y por su familia de las consecuencias que podrían presentarse si declaraba contra García Luna.

Al final ya no quedó claro cómo es que “El Lobo” decidió recapacitar nuevamente y declarar que sí conocía a García Luna. Pero a Miedel eso ya no le interesaba. La mentira estaba expuesta. Ya fuera en diciembre o ya fuera ahora, el testigo de los fiscales había mentido porque sus dichos eran opuestos. Ambas cosas no pueden ser ciertas.

Para ese momento era tal la situación que “El Lobo” comenzó a contradecirse ahí mismo. Primero le dijo a la defensa que se había enterado de la detención de García Luna por las noticias. Pero luego, cuando los fiscales trataron de ayudarle al volver a interrogarlo en la audiencia, dijo que se lo habían dicho los agentes de la DEA que lo buscaron en 2019 para ver si sabía algo. Y luego volvió a contradecirse cuando en el interrogatorio final el defensor le preguntó si se había enterado por las noticias, a lo que respondió que era correcto.

“Y bueno, usted declaró además que García Luna supuestamente les pasó un documento con la información de Estados Unidos que alertaba del cargamento de cocaína de Colombia. El que le dieron luego a los colombianos. Supongo es un documento importante. ¿tiene la copia de eso?”, cuestionó el defensor que ya intuía por donde vendría la respuesta.

Nava, en un intento de defenderse y a la vez justificarse – contradiciendo la recomendación que con pena ajena le había dado el juez Cogan – dijo que no tenía ese papel porque en realidad era riesgoso. Que los comprometía. Y que ni él ni nadie tendría papeles, videos, o audios de estas colaboraciones con García Luna porque se hacía para no dejar rastro. Pero que la prueba era “la verdad” que él y otros declararían.

“Entonces al final…. ¿Se trata de creer solo en palabra y que con eso nos quedemos…?”, le cuestionó el defensor a Nava.

“Pues… si lo pone así… pues sí” respondió Nava, que ya para ese momento parecía dudar hasta de sí mismo.

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