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Psicodélicos y salud mental: ¿oportunidad o riesgo?

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Los psicodélicos son sustancias que alteran la conciencia y producen alucinaciones, como la ayahuasca y el peyote, que son plantas sagradas para muchos pueblos originarios de América. Estas plantas se han usado desde hace siglos con fines espirituales, curativos y culturales, y se consideran una medicina ancestral que conecta con el mundo invisible y con la naturaleza.

Sin embargo, en las últimas décadas, el interés por estas sustancias ha crecido también en otros ámbitos, como el científico, el terapéutico y el recreativo. Muchos estudios han mostrado que los psicodélicos pueden tener beneficios para tratar diversos trastornos mentales, como la depresión, la ansiedad, el estrés postraumático, las adicciones y los problemas existenciales. Estos beneficios se deberían a que los psicodélicos facilitan la apertura mental, la introspección, la empatía, la creatividad y la conexión con uno mismo y con los demás.

No obstante, el uso de estas sustancias también implica riesgos y desafíos, tanto para la salud individual como para la colectiva. Los psicodélicos pueden provocar efectos adversos, como náuseas, vómitos, taquicardia, hipertensión, ansiedad, paranoia, psicosis y dependencia. Estos efectos se pueden agravar si el consumo se hace sin supervisión médica, sin preparación adecuada, sin integración posterior y en combinación con otras drogas o medicamentos. Además, el uso indiscriminado de estas sustancias puede afectar a la conservación de las plantas, a la soberanía de los pueblos que las usan y a la seguridad pública y el orden social.

Por lo tanto, el manejo de estas sustancias debe darse bajo el ojo crítico legal pero también contemplando la cosmovisión de los usos ancestrales y espirituales que eso implica garantizando el acceso a estas sustancias con fines terapéuticos, pero que también prevenga el abuso, el tráfico y el daño a la salud y al medio ambiente. Esta regulación debe basarse en la evidencia científica, en el respeto a los derechos humanos, en la diversidad cultural y en el principio de precaución, evitando tanto la prohibición absoluta como la liberalización indiscriminada de estas sustancias.

Para finalizar, podemos decir que los psicodélicos son sustancias que pueden tener un potencial terapéutico invaluable, pero que también implican riesgos y desafíos tanto para el área de la salud como la comprensión ante el sistema legal. Por ello, se necesita informar a la población acerca de los efectos y alcances de estos productos para promover un uso responsable, y respetuoso de estas plantas, que reconozca su valor cultural, espiritual y medicinal, pero que también proteja la salud y los derechos de las personas y de los pueblos que las usan.

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