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Un Actor Malo de Jorge Cuchi, un ensayo sobre la violencia sexual en los sets de filmaciones

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Héctor Alberto Pérez Rivera

En uno de los grandes clásicos del cine erótico El Último Tango en París (Bernardo Bertolucci, Francia-Italia,1972), la joven Jeanne (María Schneider) durante uno de sus encuentros erótico-existenciales con Paul (Marlon Brando), éste le pide a la joven mujer que le traiga una barra de mantequilla sin darle más explicaciones, ella obedece y él le pide que se desnude y le de la espalda; el hombre unta la mantequilla en sus dedos y luego los introduce entre las nalgas de la mujer; el gesto de sorpresa de Jeanne es evidente para el espectador, es inevitable. Luego, el hombre se coloca sobre la mujer y consuma el acto sexual. Ella no grita, pero su rostro muestra que no esperaba lo que le estaba sucediendo.

Dicha escena es paradigmática en el cine erótico, se ha referenciado y hasta parodiado decenas de veces. Ya en este siglo ─luego de la muerte de Brando─, María Schneider declaró que la escena no se consensuó con ella, que todo lo planearon Bertolucci y Marlon para darle realismo a la toma y captar la genuina reacción de la actriz. Como usted seguro lo ha pensado: Marlon Brando violó a María Schneider con la complicidad de Bernardo Bertolucci y generaciones de cinéfilos han presenciado este crimen. Ella no se resistió, no gritó, no habló sino hasta muchos años después, eso no significa que el delito no haya sucedido.

En México, durante la grabación de la serie Guerra de Vecinos (Netlfix, México, 2021) las actrices Vanessa Bauche y Sarah Nichols señalaron al actor Pascasio López por agresión sexual; ello llevo a que éste fuera detenido por la Fiscalía del Estado de Jalisco y las personas involucradas ya no siguieron participando en la serie; no opinaré del proceso porque desconozco los detalles de este y entiendo que sigue en trámite.

Esta introducción viene al caso para señalar un problema cada vez más visible, lo cual no implica que sea novedoso. En ello se centra la película Un actor malo (Jorge Cuchi, México, 2023).

Este director ya nos había sorprendido al ganar el Festival de Morelia con su extraordinaria ópera prima 50 o Dos Ballenas se encuentran en la playa (México, 2021), un inquietante relato sobre la soledad adolescente y la influencia tóxica de las redes sociales.

La película en un inicio sigue la línea de películas sobre como se hace cine, que incluye clásicos como Sunset Boulevard (Wilder, EEUU, 1950), 8 y ½  (Fellini, Italia, 1963) o La Noche Americana (Truffaut, Francia, 1973), incluso la misma Último Tango… va un poco sobre eso, pero la cinta de Cuchi se detiene en un momento en particular, las llamadas escenas de cama o mejor dicho eróticas, tan comunes en el llamado cine de autor. ¿Cómo se filman estas escenas? ¿Qué acuerdos hay entre quienes participan? ¿Quién debe estar en el set cuando son rodadas? Hay muchas anécdotas y mucho se ha escrito o documentado al respecto. La mayoría de las actrices y actores señalan la incomodidad que implican, lo cansado, lo extraño es que un momento íntimo sea observado y registrado con detalle por tantas personas. La conclusión suele ser que filmar una escena erótica es todo menos eso. El mejor ejemplo es una de las tomas más románticas en la historia del cine: el apasionado beso en la playa entre Burt Lancaster y Deborah Kerr en De aquí a la eternidad (Fred Zimmerman, EE. UU., 1953) que le mereció varios Oscares a los involucrados, pero que los protagonistas odiaron hasta la repulsión.

Esas preguntas son el punto de partida de Un actor malo, y el autor trata de resolverlas junto con el espectador a lo largo de dos horas que dura la película. No se trata de un drama legal o una obra de denuncia sobre lo podrido de nuestro sistema legal como lo son Ruido (Beristain, México, 2022) o Sin señas particulares (Valadez, México, 2021) ni una curda denuncia a la violencia de género como lo fue la trilogía “Nadie te ve/oye/habla” de Marisa Sistach, esta película plantea temas muy presentes en el ideario colectivo, da algunas respuestas y deja que el espectador saque sus conclusiones. Quisiera detenerme en estos planteamientos.

Desde los primeros minutos conocemos a Mario (Alfonso Dosal, quien cada vez actúa mejor) y a Sandra (Fiona Palomo, todo un descubrimiento). De Mario sabemos que es un actor con cierta fama, que participará en una superproducción hollywoodense (un guiño al caso de Tenoch Huerta), que está casado y tiene un bebé. De ella no sabemos mucho, sólo que aparentemente lleva una relación cordial ¿de amistad? con Mario.

Están filmando una película en el Hotel Tultitlán, en la cual ella es la esposa del padre de Mario, pero sostiene una relación de amasiato con su hijastro; la escena clave del filme ocurre mientras el padre de Mario está de viaje y los amantes aprovechan la situación durante un encuentro. Están filmando una escena erótica en una habitación del hotel. Sólo permanecen en la habitación el director, su asistente, los actores y un puñado de personas más. El guion marca que, ante la noticia del retraso de la vuelta del padre de Mario, el y Sandra harán el amor una vez más. Aquí es donde la cinta se emparenta con El Último Tango…porque al terminar la escena, la cual es cortada porque el director Gerardo (Gerardo Trejoluna, extraordinario) nota algo inusual en Sandra. En lo que se reorganiza el equipo para hacer una nueva toma, Sandra se queda con la asistente de dirección y Regina, la maquillista. Ahí Sandra les dice que durante la filmación de la escena Mario la violó. Todo quedo registrado en la cámara.

Uno de los aspectos que la película apunta con firmeza es el comportamiento de una víctima de agresión sexual; existen muchos prejuicios al respecto. Quienes hemos atendido a mujeres que han sufrido delitos sexuales sabemos que la forma en que éstas reacciones es tan variada como las personalidades que puede tener un ser humano; no hay una forma univoca de reaccionar frente a una violación, así lo han señalado tanto las especialistas como la jurisprudencia nacional e internacional; esperar una reacción específica de una mujer violentada es un estereotipo; sin embargo, a pesar de que todo el equipo del filme ꟷy eventualmente la autoridadꟷ le dice a Sandra que le cree ꟷatendiendo a la corrección política, tan importante en el mundo de la creación artísticaꟷ, ella es cuestionada innumerables veces el porque no gritó cuando fue agredida. Esto pone en tela de juicio si realmente se cree en su versión de los hechos. El director es mordaz y nos confronta como espectadores, casi voyeurs de lo que está sucediendo, y nos hace pensar si sinceramente creemos lo que dice Sandra.

Gerardo decide confrontar a Mario y cuestionarlo sobre los hechos. Él también pide se le crea, casi apelando a la presunción de inocencia, y alega envidias, despecho e intereses ocultos de Sandra para acusarlo, lo cual pone en un predicamento a Gerardo, a todo el equipo de producción y a nosotros como espectadores. Aquí se traba la litis del filme.

Es entonces cuando deciden llamar a los abogados. Sandra por consejo de Regina y Mario por instrucciones de su representante.

A ella la representará el joven litigante Luis (Juan Pablo de Santiago), quien en una escena muy didáctica explica a Sandra los tipos penales de violación y violación impropia (que en realidad es equiparada, en uno de los pocos pecados jurídicos de la cinta)  y le dice que éste el delito que ella ha sufrido y las penalidades que le corresponden, ante lo cual la asistente de dirección señala “6 a 17 años, se me hace muy poco”, a lo que el joven jurista responde “esa es la ley”; Sandra decide denunciar y Luis hace unas llamadas y le indica que deben esperar a que llegue el Ministerio Público, lo cual si bien sirve para el desarrollo dramático de la película, sabemos que no es lo que ocurre en la práctica.

A Mario lo asesora Patricia (Ana Karina Guevara) una abogada cuyo colmillo llega hasta el piso. Mario decide quedarse en la locación por consejo de la abogada para no tener una conducta de culpable. Esta decisión la podemos cuestionar como litigantes, ya que para entonces ya se ha roto la flagrancia y él no podría ser detenido sin una orden judicial.

En pocas películas he visto tan bien representados a los litigantes. El trabajo de Guevara y de Santiago recoge con precisión las expresiones, gestos e idiosincrasias del gremio. Una elección de dirección interesante que ella se asistida por un varón y él por una mujer. Ello agrega elementos de tensión dramática valiosos.

A partir de entonces la película recorre tópicos como el motivar a las víctimas a que callen a cambio de otros beneficios, la virulencia de las redes sociales, el hartazgo de los grupos feministas ante la indolencia frente a la violencia. Se muestra una protesta sin romantizarla como lo hace la ya citada Ruido.

No voy a arruinar la trama para quienes no hayan visto la película, sólo diré que la vi en un cine lleno y el público en conjunto se engancho con la cinta; escuche reaccionar a los diálogos con risas nerviosas, exclamaciones e incluso contestarle a los actores; hubo sobresaltos en los giros de tuerca de la historia. A eso vamos al cine, a emocionarnos y la obra de Jorge Cuchí lo logra con creces.

Les invito a ver Un Actor Malo, debatirla, pensarla y ayudar a su difusión entre el gremio abogadil y demás sectores de la sociedad, una película provocadora, necesaria e imperdible.

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