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La “Orden 45”: así permitía la Policía Federal la entrada de drogas al AICM, según un exagente

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Reuters

Por: Arturo Ángel

Brooklyn, NY. – Durante una hora o dos a la semana, todo se valía en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM). La orden oficial para los agentes de seguridad era mantener sus posiciones, pero no hacer nada: ni revisiones, ni inspecciones ni mucho menos detenciones. De par en par, armas, dinero y drogas podrían entrar sin que nadie lo impidiera. “Por 45 en 35”, era la orden transmitida en la radio oficial.

Raúl Arellano Aguilera, quien en 2007 estaba asignado en el AICM, dijo que lo vivió en carne propia. No entendía por qué le daban esa instrucción. Pero menos aun la razón por la que algunos de sus compañeros podían desobedecerla abiertamente. En lugar de mantener su posición se retiraban, “desaparecían”, y poco antes de que concluyera la orden volvían. Y nadie los reprimía.

Otra cosa caracterizaba a dichos elementos: usaban joyas, alhajas y sobretodo automóviles de lujo para llegar o irse del trabajo, que eran incosteables con el salario que percibían. O, al menos, con su sueldo de policías.

Lo anterior forma parte de los hechos narrados por el expolicía Arellano Aguilar, quien compareció ayer ante una corte federal en Brooklyn para narrar como en el sexenio del expresidente Felipe Calderón la entonces Policía Federal, al mando del secretario de Seguridad federal, Genaro García Luna, permitía de forma deliberada el ingreso de drogas al AICM.

El exagente fue presentado como el testigo número 11 por parte de los fiscales estadounidenses dentro del juicio que se desarrolla en contra de García Luna por su colaboración con el Cártel de Sinaloa para introducir miles de kilogramos de cocaína a Nueva York, Chicago y Los Ángeles.

Y no fue el único en comparecer. Luego le tocó el turno a Israel Ávila, corredor de bienes raíces y contador del Cártel de Sinaloa, quien dijo que en la narco nómina del grupo no solo estaba García Luna sino otros funcionarios como el exsecretario de Seguridad de Morelos, Luis Cabeza de Vaca. Y confirmó, además, que la captura del Rey Zambada en 2008 fue un narco operativo implementado por los Beltrán Leyva, en donde la policía quiso, de último minuto, cambiar al detenido por otro.

La orden 45

El número 45 era la clave que significaba “por orden superior”, mientras que el 35 correspondía a la instrucción “estar pendientes”. Por ello la combinación “por 45 en 35” se traducía como: por orden superior mantenerse pendientes. Dicho de otra forma en “stand by” pero sin hacer nada.

Arellano, quien entre 2007 y 2011 estuvo desplegado en la Terminal 2 del AICM, dijo que la orden no tenía sentido alguno. O no desde una perspectiva ética y policial. La labor de seguridad en el AICM, por el contrario, exigía que los agentes federales estuvieran activo el cien por ciento del tiempo, ya sea dando vialidad, supervisando filtros de seguridad, revisando áreas de última espera o patrullando las plataformas. Los vuelos de arribo y salida no paran.

Lo que Arellano explicó a los integrantes del jurado, guiado por las preguntas de los fiscales, es que la orden era en realidad un mecanismo para operar por espacio de una a dos horas el ingreso o salida de artículos ilegales, y principalmente droga, al AICM. La instrucción casi siempre coincidía con la llegada de una aeronave de Colombia o Venezuela, y la salida de otra hacia Europa o los Estados Unidos.

En estos hechos estaban coludidos, por lo menos, unos 30 agentes que al darse la referida instrucción y contrario a lo que esta significaba abandonaban sus puestos. No solo no recibían reprimendas por esto, sino que eran notorio sus privilegios: podían llegar o faltar sin mayores obstáculos, usaban joyas y tenían carros deportivos. El grupo, conocido como “El Grupo Especial”, era liderado por el comandante Israel Espinoza, subordinado directo del jefe de seguridad del AICM, el comandante Oscar Moreno Villatoro.

La instrucción de no hacer nada se daba una o dos veces por semana. Ni más ni menos que eso. Y era obvio que se trataba de una acción concertada pues se enviaban a través de los dispositivos oficiales y por órdenes superiores, que no podían ser otras que las de Moreno Villanueva o las del jefe de este, Ramón Pequeño García, titular de la División de Seguridad Regional de la PF.

El esquema de corrupción parecía no limitarse solamente al AICM. El testigo dijo que estaba sabía que lo mismo pasaba en otras terminales como las de Tijuana, Toluca, Guadalajara, Monterrey y Cancún, pues los jefes de seguridad de esos aeropuertos visitaban con frecuencia la oficina de Moreno Villatoro para darles maletines repletos de dinero.

Supo lo anterior porque, según su historia, en una ocasión le tocó ver al comandante que estaba a cargo del aeropuerto de Toluca tropezar con otro oficial justo cuando estaba por ingresar a la oficina de Moreno. El incidente provocó que su portafolios se abriera y quedara a la vista de los que ahí se encontraban que lo que contenía eran fajos de billetes. De dólares en específico.

A diferencia de lo ocurrido ayer con el testimonio de “El Lobo” Valencia”, los abogados de García Luna no lograron evidenciar contradicciones en lo dicho por este agente de seguridad. Trataron de cuestionarlo sobre si sus dichos eran producto de alguna venganza o envidia, pero el testigo no mordió el anzuelo.

La impresión en la sala de audiencias es que los esquemas de corrupción narrados en el AICM muy posiblemente eran ciertos, más allá de la conexión o no que esto tuviera con García Luna.

El canto del contador y corredor

Luego del testimonio del policía tocó el turno de ser llamado al estrado Israel Ávila, un testigo colaborador y protegido cuyo rostro, por orden del juez, no será revelado más allá de quienes pueden verlo en la sala de audiencias. El sujeto reconoció que colaboró con el Cártel de Sinaloa facilitándoles los trámites para poder rentar propiedades y luego ayudándoles con su contabilidad en hojas de Excel. Esto además de volverse un activo cercano y colaborador, particularmente de los hermanos Pineda Villa conocidos como “El MP” y “El Borrado”, cercanos a la fracción de los hermanos Beltrán Leyva.

Ávila justificó el inicio de su carrera criminal diciendo que pensó que trabajaba con agentes de la AFI pues eso le dijeron al principio. Dijo que no había motivo para no creerlo pues todo el tiempo estaban uniformados como efectivos de esa corporación, llevaban sus armas, sus placas, sus identificaciones y hasta sus vehículos oficiales.

Luego del asesinato de una persona en una de las propiedades le confesaron que en realidad eran integrantes del Cártel de Sinaloa y que no trabajaban para el secretario García Luna, sino que este era el que trabajaba para ellos. A partir de ahí Ávila comenzó la colaboración criminal más abierta con el grupo delictivo.

El testigo dijo que en las hojas de Excel donde el ayudó a llevar la contabilidad del grupo estaban reflejados los pagos a García Luna, quien estaba registrado con el nombre clave o seudónimo de “Tartamudo” o “Metralleta”. También recuerda que aparecía otro funcionario registrado como secretario de Seguridad de Morelos y con el seudónimo de “Cuernos”. Por la similitud de las fechas podría tratarse de Luis Ángel Cabeza de Vaca, quien en su momento fue detenido y procesado en México, aunque a la postre liberado.

La colaboración de la Policía Federal bajo el mando de García Luna era total, según el testigo. Recordó como, por ejemplo, en diciembre de 2007 les ayudaron a rescatar un cargamento de cocaína de una avioneta que había aterrizado en Toluca. La aeronave había sido identificada como sospechosa por Estados Unidos dado que no tenían plan de vuelo y se informó a México para que fuera interceptada.

La PF le pasó la información a los Beltrán Leyva que enviaron a un grupo al aeropuerto, entre ellos Ávila, a descargar la droga.

“Los federales nos abrieron la puerta y hasta nos ayudaron a bajar la cocaína Teníamos prisa y había poco tiempo porque luego ellos simularían el operativo del decomiso de la aeronave. No perdimos nada porque la sacamos antes. Eran como 1 mil 200 kilogramos de cocaína”, dijo el testigo ante el jurado.

Ávila también confirmó la historia narrada previamente de como la detención de “El Rey Zambada” en la Ciudad de México fue un narco operativo implementado en conjunto por los Beltrán Leyva con fuerzas federales y de la capital, y de como sí se quiso cambiar al detenido por otra persona antes de ser llevado a la entonces SIEDO.

Lo nuevo es que dijo que este se impidió gracias a que los Beltrán tenían un “amigo periodista” que trabajaba para ellos, al que le pidieron a través de Ávila que filtrara rápidamente la noticia de que el detenido eras el hermano de El Mayo Zambada y, con ello, dificultar el intercambio. El testigo dijo que así lo hizo, aunque no reveló el nombre de dicho periodista.

También confirmó el presunto secuestro de García Luna ordenado por Arturo Beltrán Leyva entre 2007 y 2008. La historia fue narrada la semana pasada por Sergio Villarreal. Ávila dio más detalles y dijo que el operativo del secuestro lo encabezó Francisco Camacho, jefe de seguridad de “El MP”, y quien le contó en persona la historia. Camacho dijo que Beltrán estaba tan contento por como resultó todo que le regaló una casa en agradecimiento.

Israel Ávila reconoció que durante los años que colaboró con los criminales el presenció y/o participó en más de 20 asesinatos. También en varias torturas. Pero dijo que el mismo fue torturado a golpes, patadas y cortes por los Beltrán Leyva cuando creyeron que era un colaborador de la DEA. Actualmente Ávila se encuentra cumpliendo una condena por narcotráfico en Estados Unidos luego de haber sido detenido en Texas en 2012.

Hoy continuará la sesión con el contrainterrogatorio que le harán los abogados de García Luna a este testigo. Se prevé que le insistirán en si tiene alguna prueba como, por ejemplo, los libros u hojas de Excel de la contabilidad que narró.

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