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El show de El Conejo: historias, risas y llanto… pero pocos datos vs García Luna

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Reuters

Por: Arturo Ángel

Brooklyn, NY; En las cuatro horas de comparecencia de Harold Poveda, mejor conocido como “El Conejo”, pasó de todo. Hubo anécdotas e historias; hubo lágrimas y sonrisas; hubo desesperación y enojos.  Con una seguridad que se movía entre la amabilidad y la soberbia, el colombiano le regaló al jurado y a la prensa momentos que se recordarán aun cuando ya haya concluido este juicio.

Sin embargo, Poveda no dejó de ser un testigo que, al menos en la primera parte de esta comparecencia, reveló pocos datos que prueben el presunto vínculo del exsecretario de Seguridad, Genaro García Luna, con el crimen organizado.

La presencia de Poveda en la Cote de Brooklyn generó expectativas desde que unos minutos antes del mediodía se supo que comparecería. Y es que no es un tipo cualquiera. El Conejo, cuya detención acaparó primeras planas en México en noviembre de 2010, era una persona clave para el Cartel de Sinaloa: se trataba del intermediario, del “bróker”, entre los capos mexicanos y los colombianos.

En síntesis, el Conejo se encargaba de convertir en toneladas de cocaína los millones de dólares que El Chapo, El Mayo, Arturo Beltrán, El Rey y los Valencia le ponían sobre la mesa. Pero no solo eso: esta era la primera vez que Poveda se presentaría a comparecer en un juicio en los Estados Unidos estando ya en libertad bajo fianza.

Y no defraudó dicha expectativa. Vestido de pantalón de mezclilla, camisa abotonada con el cuello abierto y un saco negro, “El Conejo” se sentó en el estrado de la corte criminal como si se hubiera sentado en una sala de juntas de la oficina. Ni un atisbo de duda o nervio se percibió en su tono. De hecho, en algún momento se refirió a esta comparecencia como una “reunión”.

Y su “show” comenzó…

El tío Arturo

Poveda narró que desde los 18 años comenzó a trafica drogas en México. Y tuvo éxito. De mover solo algunos gramos de cocaína, al poco tiempo trasladaba cientos de kilos a través de lanchas rápidas que llegaban a las cosas de Guerrero. Un emprendimiento exitoso, pero que casi le cuesta la vida.

Y es que a principios de este siglo el autoreparto que los criminales hicieron del país señalaba que esa parte, con sus corredores y “plazas” le correspondía a Arturo Beltrán Leyva.  Y en la lógica del Cartel de Sinaloa, sí había espacio para nuevos socios, pero no para emprendimientos independientes exitosos.

Así que Beltrán ordenó a sus sicarios matarlo. Pero Poveda, con esa astucia que solo puede tener alguien que es capaz de negociar entre grandes capos sin haber sido ya asesinado, se acercó a través de un conocido a Ismael “El Mayo” Zambada para pedirle ayuda. Que lo dejara trabajar para él y a cambio, lo protegiera y eventualmente lo ayudara a volver a Colombia. Y así fue.

Tan eficiente fue Poveda coordinando cargamentos de hasta nueve toneladas, que El Mayo estaba encantado. Le pidió a su propio hermano, “EL Rey” Zambada, que se encargara de sacarlo del país desde Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México sano y salvo.

“No pasé ni un filtro migratorio, fue una belleza. El Rey me dejó con unos policías federales en el aeropuerto que me ayudaron hasta con las maletas. Me dejaron directamente en la puerta del avión hacia Bogotá. Todo estuvo increíble”, dijo al jurado.

Pero la estancia de “El Conejo” en su país natal no se extendió demasiado. La guerra criminal entre los capos de la familia Varela y Diego Montoya lo volvió a poner en riesgo, por lo que le pidió a El Mayo que lo ayudará a volver. Y así fue con un añadido: esta vez el poderoso capo mexicano se encargó de reunir a Poveda con Aturo Beltrán Leyva y que limaran diferencias.

Tan bien salió eso que, a partir de ese momento, El Conejo trabajaría directamente para los Beltrán hasta el último día en que fue detenido. La relación con Arturo en específico, según el testigo, se fue estrechando al punto que ya lo llamaba “su tío”.

“No es que tuviéramos una relación familiar, pero mi relación con Arturo se volvió total. Era como de padre e hijo. Sí… me quiso matar. Pero luego nos volvimos amigos…” dijo en un tono que bien podría haber sido de melancolía. “Hablé con él hasta el día en que lo mataron los marinos, dos horas antes. Aunque yo estoy seguro que más bien el mismo se mató…”, recordó.

El gato-perico y las lágrimas

Poveda contó al jurado que con los millones de dólares que ganó se llegó a comprar hasta 30 departamentos, casas y terrenos en distintas partes de México. Pero ninguno recuerda con más cariño como la “mansión de la fantasía”. Una casa que se construyó en el Desierto de los Leones con todo y un zoológico incluido. “Era muy bonita, yo la hice toda, me costó mucho dinero. Hasta traje cosas de la India…” le dijo al jurado.

La Policía Federal irrumpió en esa vivienda en 2008. Sorprendió al colombiano en plena fiesta durante la madrugada. Astuto como es, mientras detenían a su padre, a su novia, a sus hermanos y empleados, Poveda escapó por la zona de los tigres blancos de su zoológico privado y con la ayuda de la gente de Arturo Beltrán eludió en ese momento su captura.

Pero perdió la casa y con ello “los animalitos” en los que se había gastado tanto dinero. Los fiscales de Estados Unidos mostraron al jurado el video del aseguramiento, que en México se hizo público un día después de aquel operativo, donde se aprecian los leones, hipopótamos, pumas, changos, y demás animales de la propiedad.

Y eso conmovió a Poveda. Con la voz entrecortada y sollozando describió al jurado cómo había construido su casa y el nombre de algunas de sus mascotas. Y lamentó la traición de “El Rey Zambada” quien, según la versión que le dió Arturo Beltrán, le pasó la información a los federales para que irrumpieran en su exótica propiedad.

Al recordar a su gato, las lágrimas se convirtieron en sonrisas. Y no solo de él sino de varios en la corte. Y es que Poveda explicó que tenía un gato persa, de pelaje blanco y ojos azules, que le había costado unos 4 mil dólares y cuyo nombre era… “Perico”. La referencia entre el color del animal y una línea de cocaína era fácilmente descifrable para mexicanos y colombianos. Pero no lo fue tanto para los ciudadanos estadounidenses del jurado.

Menos aun cuando Poveda intentó explicar que “perico” era como se decía en ingles cocaína. Por supuesto no tenía ningún sentido. Tampoco era la forma de decirlo en español. Apenas conteniendo la risa “EL Conejo” hizo en plena corte el movimiento de aspirar cocaína para que todos entendieran que “perico” es el nombre que se pone a la línea de esta droga que se coloca sobre la mesa. Hasta el juez Brian Cogan, siempre serio, dejó escapar una mueca.

Especial

¿Y García Luna qué…?

Tan nutrida en anécdotas fue la intervención de Poveda, como escasa en referencias a la supuesta conexión criminal de García Luna con el Cártel de Sinaloa. Y es que como dijo el testigo: “Yo a este señor, Genaro, ni lo conocía, ni tenía porque hacerlo. Yo no era operativo. MI trabajo era otro”.

Aunque la primera vez que “El Conejo” supo quién era García Luna no fue cosa menor. De hecho, según su relato, casi terminó salvándole la vida. Esto ya que su tío (Arturo) le dijo que quería matar al funcionario, porque pensaba que los había traicionado al ayudar al grupo de El Mayo y El Chapo, y no a ellos que le habían pagado desde el principio. Quería que su muerte fuera espectacular y quería “cortarle la cabeza” y mandárselas en señal de poder y orgullo.

“Pero ¿cómo vas a matar a ese señor? se nos va a venir el gobierno completo, el gobierno es una familia unida como los narcos, que también son familia. Mejor habla con él, pon todo sobre la mesa y vemos a ver qué pasa”, dice que le recomendó a Beltrán y fue todo.

De ser cierto, la recomendación podría haber sido efectiva porque, como ya han narrado otros testigos en este juicio, los Beltrán Leyva presuntamente secuestraron a García Luna a principios de 2009 pero solo durante unas horas. Un hecho que ni el gobierno ni el propio exsecretario de Seguridad Pública han reconocido.

Los otro señalamientos de Poveda fueron a la corrupción de la Policía Federal como corporación y de algunos de sus mandos. Dijo, por ejemplo, que cuando a él lo detuvieron el 4 de noviembre de 2008 no lo presentaron públicamente hasta el 5 de noviembre, tras un día de golpes y torturas para que revelara donde estaban sus casas y dinero. Dijo que lo obligaron a tocar armas de fuego y droga que no eran suyas. Todo para justificar su captura.

También recordó la historia ya conocida de la supuesta corrupción de los comandantes federales Víctor Garay y Edgar Ballardo, quienes le exigieron 500 mil dólares para liberar a su familia y empleado tras el operativo en su mansión del Desierto de los Leones. “Se robaron ese dinero porque se los entregué y no liberaron a nadie”, dijo El Conejo.

Lo que es seguro, señaló Poveda al jurado, era de que la Policía Federal estaba al servicio del crimen organizado. Lo dijo con la misma seguridad con la que reconoció que durante su carrera criminal el ganó más de 400 millones de dólares, de los que solo ha regresado uno.

“Yo vengo a esta reunión a decirles la verdad señores jurados, de eso que no les quede duda”, remató.

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